Este verano el aburrimiento hizo mella en mí. Con mis 13 años no me parecía que holgazanear jugando a la PSP o con el móvil en el sofá o en la cama fuera tan agradable como imaginé al comenzar mis vacaciones.
Mis padres me propusieron ir a un campamento 15 días, un campamento de inmersión en el Inglés, a no más de 80 Km de mi casa. Qué planazo!, todo el curso en la Academia de Inglés martes y jueves por la tarde y después de aprobar el curso, Inglés en Tomelloso. ¡Qué cutres!.
Estaba cansado de no hacer nada y bastante fastidiado, ya nada me enganchaba, ni siquiera la televisión bueno en verano es peor aún.
Una tarde manchega de Agosto sobre las 4 salí al jardín en un intento de librarme del pesado de mi hermano pequeño y poder jugar solo con la PSP. Mis padres intentaban dormir después de una mañana de quitar hierbajos que invadían año tras año ese trocito de campo que llamamos jardín.
Salí a escondidas con mi horchata y me senté en la tumbona debajo del olivo que linda con el borde de la piscina. Algo captó mi atención, varias avispas permanecían quietas, echadas sobre las hojas de un durillo, éste es un arbusto de flores blancas que resiste al asfixiante verano toledano, su fruto es de un violeta obscuro y su sabor es dulce, azucarado.
Me acerqué, con cierto recelo y con una chancla en la mano, no fuera a ser que no estuvieran las cabronas muertas como pensé y, al sonido de zzzzzzzz, formaran una línea hombro con hombro (ala con ala) como soldados para iniciar el ataque, o sea, para picarme. Pero no, ¡qué flipe! estaban dormidas, durmiendo la siesta a la sombra. Dormían juntas y pude oír su respiración, lo juro, era un sonido sordo. Desde ese instante decidí dedicar mi tiempo de vacaciones al estudio de estas zánganas.
Es Miguel o tú quien escribe?
ResponderEliminarPero Polly, ¿ las avispas son americanas?.Deberias irte a un retiro espiritual.
ResponderEliminar